Adelgazar puede ser fácil si te lo propones

Publicado por: En: LA NATURALEZA, LA MEJOR ALIADA PARA TU CUERPO El: Comentario: 0 Lecturas: 75
Muchos de nosotros (sobre todo los que estamos leyendo este artículo) hemos intentado perder peso alguna vez, bien por salud o bien por vernos mejor. Pero es cierto que es algo muy difícil para algunos. A nadie le gusta sentir que tiene hambre, y menos cuando acabamos de terminar de comer. Además, la mayoría de las veces sabemos que el proceso de adelgazamiento es un proceso largo, que nos va a acompañar durante varios meses.

Muchos de nosotros (sobre todo los que estamos leyendo este artículo) hemos intentado perder peso alguna vez, bien por salud o bien por vernos mejor. Pero es cierto que es algo muy difícil para algunos.

A nadie le gusta sentir que tiene hambre, y menos cuando acabamos de terminar de comer. Además, la mayoría de las veces sabemos que el proceso de adelgazamiento es un proceso largo, que nos va a acompañar durante varios meses, y es difícil aceptar esa situación.

Por esto hoy traigo unos consejos que van a hacer que el proceso de adelgazamiento se vuelva algo más llevadero. De esta manera conseguiremos soportarlo mejor y ser capaces de llevarlo a cabo hasta el final, sin abandonar nuestro objetivo.

Y es que hay varias cosas que podemos mirar además de la alimentación en sí (aunque sea ésta la más importante en el proceso de adelgazamiento). Pero vamos a empezar por la dieta:

Tipo de alimentación a seguir:

  1. Si tu dieta la está llevando un médico o nutricionistadebes tener la confianza suficiente con él como para hacerle cualquier pregunta, aclarar todas tus dudas y, ¿por qué no? Pedirle que la dieta se adapte a tus gustos.

Debes tener claro que el que va a seguir la alimentación durante un largo periodo de tiempo eres tú. Por tanto debes ser capaz de pedirle que se adapte a tus gustos. Está claro que hay imposibles, no podemos hacerla totalmente al gusto porque entonces no estaríamos siguiendo una dieta, pero si hay algo que nos cueste mucho comer, o un alimento en concreto que echemos mucho de menos, debemos tener la suficiente confianza con él como para pedírselo. Esto hará mucho más sencillo seguir una dieta durante largos periodos de tiempo.

 

  1. Si podemos elegir las comidas que comemos:

Si la dieta la está llevando un nutricionista y es completamente estricta, este punto no nos interesa. Pero, en muchos casos, las dietas establecidas por un médico o nutricionista constan de intercambios, es decir, varias opciones en la misma ingesta entre las que podemos elegir.

Si estamos en esta situación o no estamos siguiendo una dieta con nadie, debemos saber elegir los alimentos que tomamos para aumentar la sensación de saciedad:

 

-Debemos mirar la consistencia de los alimentos. Muchas veces vemos alimentos apetitosos que entran dentro de la dieta equilibrada que estamos siguiendo y nos apetece mucho comerlos. Pero si estos alimentos tienen una consistencia blandita y son fáciles de masticar nos están haciendo un vago favor. Si tenemos en cuenta que el alimento nos gusta bastante, que es fácil de comer y que (generalmente) va a ser una cantidad menor a la que solemos comer, nos encontraremos en la situación de que tardaremos un periquete en terminarlo, y esto nos hará sentir un enorme vació en el estómago.

Siempre que nos guste, debemos intentar inclinarnos por un alimento que sea más difícil de masticar o, incluso, de cortar o coger con los cubiertos. Así tardaremos más en comérnoslo y estaremos más tiempo masticándolo y, aunque el valor calórico sea idéntico al del otro alimento, nuestro cerebro lo entenderá como que estamos comiendo más cantidad, haciéndonos sentir más llenos.

 

-Los primeros platos. Aunque todos pensemos que para adelgazar lo ideal es comer menos, los primeros platos son nuestros grandes aliados. Normalmente suelen tener un valor calórico bastante bajo en comparación con el plato principal. Aunque muchas veces los primeros platos sean de consistencia líquida (que, como hemos visto antes, nos van a llenar menos), otras muchas contamos con pastas, arroces o incluso verduras, que son más difíciles de masticar. Contar con estos alimentos como primer plato es una gran ventaja porque, sin aportar demasiadas calorías, llenaremos el estómago, haciendo que no tengamos esa sensación de vacío al terminar de comer.

 

-La temperatura de los alimentos. Siempre hemos oído decir que los alimentos, si se toman fríos, queman más calorías. Y es verdad, pero no debemos agarrarnos a ellos como un clavo ardiendo. Es cierto que comer comida fría haga que nuestro organismo necesite trabajar más para calentarla, pero eso no le dará sino más hambre. Además, la comida caliente nos da una mayor sensación de saciedad.

Comer caliente hace que tarden menos en activarse los mecanismos que le indican al cerebro cuándo debemos dejar de comer porque estamos llenos. Por tanto, apostar por comida caliente hará que nos sintamos más saciados sin necesidad de comer más.

Si este hecho se lo aplicamos a la ingesta de primeros platos, nos va a ser mucho más fácil aguantar el día a día con las comidas bajas en calorías que tenemos que seguir.

 

  1. Saltarse ingestas.Éste es uno de los errores más grandes que podemos cometer. Hay muchas personas que están acostumbradas a comer solo 3 veces al día, otras a comer 4… Pero, generalmente, la mayoría de las dietas de adelgazamiento suelen contar con 5 ingestas al día.

En estos casos puede darse la situación de que lleguemos a la ingesta de media mañana y no tengamos hambre. Por tanto pensamos “¿Qué más da? Si cuanto menos coma más adelgazo” Esto es un grave error.

Las dietas de adelgazamiento son bajas en calorías, por lo que es fácil pasar hambre con ellas. Este es el motivo por el que suelen estar repartidas en tantas comidas a lo largo del día, para aguantar mejor el hambre entre ingesta e ingesta. Pero, si nos saltamos una de ellas porque nuestro cuerpo está acostumbrado a no hacerla y no nos apetece en ese momento, lo único que vamos a conseguir es que cuando lleguemos a la siguiente ingesta tengamos más hambre y la comida nos parezca insuficiente.

Además las dietas están calibradas en cuanto a los nutrientes que debemos tomar diariamente. Si nos saltamos unas u otras comidas a placer vamos a desequilibrar estos nutrientes y puede tener consecuencias malas para nuestra salud. Debemos tener siempre claro que para adelgazar estamos tomando menos calorías de las que nuestro cuerpo necesita, y no debemos jugar con ello.

 

Forma  en la que comemos:

  1. ¿Dónde sirves la comida? Engañar a nuestro cerebro es más fácil de lo que parece. Si servimos  una ración pequeña en un plato muy grande, vamos a poder apreciar visualmente un vacío en nuestro plato. Esto es la excusa perfecta para que nuestro cerebro lo convierta en un vació en nuestro estómago.

Platos llenos

Sin embargo, usando un plato más pequeño y apreciando cómo la misma ración llega a los bordes del plato y prácticamente lo llena, nuestro cerebro entenderá que estamos tomando una gran cantidad de comida, y nos hará sentir mucho más saciados al terminarnos el plato.

 

  1. El ambiente en el que comes también es importante. Es cierto que muchos de nosotros, por temas de estudios, trabajos, hijos, o una combinación entre varios, no podemos tener la suerte de sentarnos tranquilamente a comer en el comedor de nuestra casa. Pero es muy importante tratar de buscar siempre la forma de comer sentado, relajado y, a poder ser, despacio.

La digestión comienza en la boca, cuando masticamos e insalivamos el alimento, por lo que es muy importante para que sea correcta, nos siente bien y nos de esa sensación de plenitud que el acto de comer no se realice en un ambiente de estrés, ni en malas posturas.

Asimismo, debemos tratar de no discutir en la mesa, ni tratar temas tensos.

 

  1. Concéntrate en la masticación. Aunque parezca una tontería, el hecho de ser conscientes de que se está comiendo es imprescindible para que el cerebro empiece a mandar cuanto antes las señales al estómago de que se está llenando. Por eso es recomendable no tener la tele puesta ni estar utilizando el móvil, sino ser conscientes de cada bocado, saborear la comida y disfrutarla.

Esto no quiere decir que si comemos acompañados debamos estar en silencio. Simplemente debemos tratar de convertir el momento de la comida en un momento agradable en el que podamos disfrutar.

 

  1. Planea unos horarios. Como hemos hablado en el punto anterior, es muy difícil para muchos tener un momento exclusivo para cada comida. Pero, siempre que nos sea posible, debemos intentar planificar las horas a las que vamos a hacer cada ingesta, y hay que respetarlas cada día. Esto va a crearle una costumbre a nuestro cerebro, haciendo que se adapte a esos horarios y aguante cada vez mejor el hambre entre ingesta e ingesta.

 

Y, ahora que tienes todos estos consejos, ¿a qué esperas para empezar a luchar por tu objetivo? Consulta con nuestra dietista, puedes probar de forma gratuita. ¡Ánimo!.

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